Un formidable ejemplar es el Dogo de Burdeos con su aspecto robusto y feroz, es una mascota de jardín que necesita de poco movimiento, aunque como todo si de mucho espacio. Sus 70 cm de altura y sus 50 kg de peso hacen suponer que es un ejemplar difícil de alimentar sin quebrar el presupuesto, pero en realidad no come más que alguno de sus parientes en tamaño, como el gran danés o el mismísimo dogo argentino. Si lo buscamos por su pelaje, encontraremos variedades que van del rubio al caoba. El cuidado de su pelo no requiere demasiado tiempo ya que es corto y no muy tupido. Resulta apropiado para gente que desee un perro como protección, no porque sea un animal guardián sino porque su sola apariencia infunde respeto. Por eso, en algunos países se lo ve convivir con ancianos o en viviendas donde hay muchos niños. Su educación puede acarrear problemas si se lo trata incorrectamente: puede volverse indomable y agresivo. Pero, por naturaleza, es pachorriento, fiel y sensible. Es muy valiente en caso de seria amenaza, su instinto como toda mascota primero está cuidar su entorno.
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